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Creo que, a estas alturas de la película, a nadie se le escapa que, a menor desarrollo cultural de la población, mayor capacidad tienen los demás (ya sean gobiernos, empresas o personas particulares) para engañarnos y manipularnos. La finalidad de la incultura es lograr que no tengamos criterio para poner en duda, que no podamos cuestionar las cifras, las informaciones y las instrucciones que nos dan quienes, supuestamente, saben más que nosotros.

Recuerdo una canción de Seguridad Social que decía: “lo dice tele, lo dice la tele. Será verdad”. Cuando nuestra cultura general no es suficiente, nos creemos a pies juntillas lo que dice la tele. Y donde digo “tele” puedes poner “Tiktok”, “Instagram” o “Congreso de los Diputados”. Porque sí, nuestros políticos (quizás ellos más que nadie) quieren engañarnos: quieren que no tengamos cultura ni pensamiento crítico suficiente para poner en duda sus palabras, esas con las que nos enredan pensando que no las vamos a entender y que, en efecto, si no disponemos de la cultura y la formación suficientes, no las entenderemos.

La cultura no es solo cuestión de estudios universitarios, sino de la curiosidad de andar por casa: leer libros de cualquier tipo, ver programas educativos, leer el periódico, hablar con gente real que tenga opinionesblog Rayco Cruz  cerebro atrapado por las redes diferentes de las nuestras… Los libros siguen siendo una de las mejores herramientas que tenemos para pensar mejor y entender el mundo.
Se trata de trabajar nuestro cerebro para poder discernir una fake news cuando nos la plantan delante; de conocer un poco de historia sin ser historiador, un poco de política sin ser politólogo, un poco de matemáticas sin ser licenciado. De no quedarnos en el titular fácil en cosas como las que escuchamos cada día en boca de Donald Trump o de Abascal.

Se trata de alejarnos un poco del móvil y regresar al periódico; dejar Tiktok y volver a ver el telediario (da igual en qué cadena lo veas); dejar Instagram y volver a leer una novela histórica, un thriller o una historia de amor. Se trata de entrenar el cerebro para que vuelva a generar ideas y relacionar cosas que parecen inconexas. Se trata de desarrollar un pensamiento crítico suficiente como para darnos cuenta de que, cuando un político dice: “las elecciones tienen fallos y tenemos que cambiar la forma de hacerlas”, quizá lo que está haciendo es poner las bases para deslegitimizar la democracia cuando lo echen de su poltrona dentro de unos pocos años.

No podemos dejar que nos inculturicen y nos atonten, que nos manipulen y nos sometan a base de desconocimiento. Porque cuando no tenemos criterio propio, acabamos aceptando el criterio de los demás, incluso cuando ese criterio va en contra de nuestros intereses particulares. Y muchas veces no nos damos cuenta de ello hasta que está todo escrito y lo hemos firmado con nuestros votos en las urnas.

No suelo escribir sobre política, pero esto tenía que decirlo. Porque de cultura sí hablo, y esa es la conclusión que quiero que saques hoy de aquí:

Apaga el móvil y abre un libro.
Apaga el móvil y habla con tu familia durante la cena.
Apaga la enésima serie que has visto este mes y baja a comprar el periódico.

Tu cerebro te lo agradecerá. Y tu yo del futuro —el que haya tomado las decisiones correctas en los momentos difíciles porque no se dejó engañar— también.
Y si no sabes por dónde empezar, empieza por cualquier libro. Una novela, un ensayo, una historia que te haga pensar o imaginar.

Si, además, decides comprarlo en Libros del Atlántico, estarás apoyando a una librería independiente que cree exactamente en esto: que la cultura sigue siendo una de las mejores defensas contra la manipulación. Y si quieres estar al tanto de todas las novedades relacionadas conmigo o mis libros, no dejes de suscribirte a mi newsletter, que tienes el enlace justo aquí debajo. En la última entrada hablamos sobre lo difícil que es vivir de la venta de libros. ¿Quieres echarle un vistazo?