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Hace ya algún tiempo que se mueve por redes una tendencia, para mí muy positiva, en la que se pretende romper la burbuja idealizada que existe sobre la literatura y, más concretamente, sobre el oficio de escritor. No se puede vivir de la venta de libros, y eso tenemos que asumirlo ya. En el año 2022, un estudio presentado en el XXV Congreso de Librerías de España —a partir de datos del canal librero analizados por profesionales del sector— puso cifras concretas sobre la escasa venta de muchas novedades:

  • El 86 % de los títulos con stock en librerías vendió menos de 50 ejemplares en un año.
  • Solo un porcentaje ínfimo (en torno al 0,1 %) supera las 3000 copias.
  • De las miles de novedades que llegan cada año a las librerías, una minoría concentra la mayor parte de las ventas.

Te voy a repetir el dato porque me parece muy significativo y no quiero que se te escape:
El 86 % de los títulos vende menos de 50 ejemplares al año.

¿Qué significa esto para un escritor?

Significa que, después de estar un número muy significativo de horas escribiendo, corrigiendo y volviendo a corregir; después de que el editor corrija de nuevo, maquete el texto, diseñe la portada y lo meta en distribución, lo más probable es que un libro no llegue a cubrir ni de lejos el coste que ha tenido crearlo.
Y esto no es una anomalía reciente. No es que “antes se pudiera vivir de escribir y ahora no”. Lo que ocurre es que ahora tenemos datos.
Hace poco leí un artículo del escritor Víctor Sellés que gira en torno a esta misma idea. Destaco un fragmento que resume muy bien el asunto:

Yo también lo intenté. Impartí cursos, me adentré en esa casa de locos que es la autopublicación con Amazon, edité textos y realicé informes editoriales. Incluso se podría decir que logré vivir durante varios años «de la literatura» mientras trabajaba como traductor y lo compaginaba con la publicación de mis novelas. Que dan dinero, sí; más del que yo esperaba, pero menos de lo que casi todo el mundo fuera del panorama literario asume. Dinero por los adelantos editoriales y por las ventas directas, pero también por los derechos de traducción y por los audiolibros.
Sumándolo todo, no da para vivir. Vamos, ni por asomo.

Aquí hay una clave que puede pasar desapercibida: habla de derechos de traducción, audiolibros y adelantos editoriales. Es decir, de ingresos a los que la mayoría de autores nunca accederá. Y aun así, no alcanza. No se puede vivir de la venta de libros.

¿Qué ha pasado con las ventas de libros?

Entonces la pregunta no es “¿qué ha pasado?”, sino otra más incómoda: ¿Ha existido realmente alguna vez el escritor medio que vive solo de sus libros?
La realidad es que el sistema editorial funciona por concentración. El modelo económico del sector depende de unos pocos títulos que sostienen a muchos otros. El bestseller financia la estructura. El resto habita en lo que algunos llaman la “larga cola”: libros que existen, que encuentran lectores, pero que no generan ingresos suficientes para sostener una vida. Por eso, incluso muchos autores consolidados complementan su actividad con talleres, conferencias, colaboraciones, traducciones, docencia o trabajo editorial. No es una anomalía. Es el modelo.Imágenes de Escritor frustrado libres de derechos | DepositPhotos

Cuando publiqué La maldición de Hilena entendí algo importante: cada lector no era una cifra en una hoja de Excel. Era una persona concreta. Una conversación. Una firma en una feria. Un mensaje después de terminar la novela.
Tuve la oportunidad de dar algunos talleres y los rechacé porque no me veía con nada que enseñar. Me alegro de que mi yo del pasado tomara esa decisión. No porque los talleres estén mal —son una forma dignísima y necesaria de sostener el oficio—, sino porque entendí que lo que yo quería era escribir. Escribir y publicar libros que encontraran a sus lectores, aunque fueran pocos. Un escritor muy amigo mío vive de dar talleres de escritura creativa. Y a veces no puedo evitar pensar: está enseñando a otros a escribir para que publiquen libros de los que probablemente no podrán vivir y tendrán que dar clases a otros aspirantes que tampoco podrán vivir de esto… ¿No suena a burbuja?
Quizá la burbuja no esté en los talleres. Quizá esté en la idea romántica de que escribir ficción es una profesión económicamente estable.
El oficio de escritor de ficción, definido como una persona que vive exclusivamente de vender sus libros, es extraordinario, no habitual. Lo habitual es el escritor-maestro, el escritor-divulgador, el escritor-corrector, el escritor-editor. Siempre hay algo más.

¿Y las editoriales pequeñas?

Y ahora voy más allá: ¿en qué lugar deja esto a las editoriales pequeñas?
Si en Editorial Fundación publicamos un libro con una tirada de doscientos ejemplares y se venden cuarenta —casi todos a amigos y familiares el día de la presentación o en alguna feria—, ¿qué viabilidad tiene esa empresa?(ten presente que una editorial es una empresa. Tiene costes. Tiene tiempo invertido. Tiene riesgo).

Ya te digo yo la respuesta, que esto no es un examen: ninguna.
En este país, la mayoría de editores independientes tienen otro trabajo que les da de comer. Igual que la mayoría de autores.

Entonces, las pregunta obvias:
¿Por qué seguimos haciendo esto?
¿Por qué sigo escribiendo?
¿Por qué sigo manteniendo una editorial sabiendo que casi ningún libro cubre gastos?

La respuesta es tan simple que resulta casi incómoda: porque amo la literatura.
Hace tiempo que llegué a la misma conclusión que Víctor Sellés: nunca voy a vivir exclusivamente de la literatura en ninguna de sus vertientes.

Pero no me interpretes mal. No he tirado la toalla ni lanzo mis libros al mercado pensando que nacen muertos.

Le pongo todo el corazón a mi carrera de escritor y a mi editorial. Celebro cada venta como una victoria. Disfruto cada presentación y cada feria. Disfruto ver esa luz en los ojos de los lectores —sean pocos o muchos— que se animan a leer mis libros y me hablan de ellos después.

Si estás en esta carrera literaria o tienes intención de entrar, hazlo con conocimiento de causa. Entiende dónde te estás metiendo para que la realidad no te explote en la cara. Disfruta del proceso. Aprende todo lo que puedas. Rodéate de gente buena que ame los libros igual que tú. Eso es lo mejor que yo he sacado de este negocio: la gente. Las personas. Escritores y escritoras a quienes ahora puedo llamar amigos.

Lo demás es burbuja. Y más te vale pincharla cuanto antes.

Si quieres saber un poco más de mi trabajo, echa un vistazo a mis obras aquí.