Hace un mes tomé una decisión incómoda: dejar de centrar mi energía en las redes sociales y volver al blog. El primero que tuve lo creé en 2009, al publicar La sombra de Pranthas, pero nunca le di demasiada continuidad. Siempre me limité a usarlo como tablón de noticias.
Ahora es diferente. Ahora siento que he conectado con este medio y me encuentro cómodo aquí.
Por qué decidí dejar las redes sociales
Me cansé de las redes sociales, de su ruido continuo, de la sensación de obligación constante que impone a quienes las necesitamos como mecanismo de promoción para nuestro trabajo. Y tenemos que asumir que ya no son otra cosa más que un gigantesco escaparate que pretende vendernos cosas. Yo, que nunca he sido demasiado hábil en esto, siempre he tenido la sensación de haber llegado tarde, de que no he podido/sabido/querido aprovechar el haber presenciado el nacimiento de este fenómeno influencer. Ni siquiera sé si tengo madera para eso, aunque sospecho que no. Para muestra, un botón: mi canal de Youtube, con 3600 suscriptores y 455 vídeos subidos desde hace nueve años, apenas logra superar las 200 visualizaciones por estreno.
Me cansé de eso. Terminé harto de estar pendiente de las visualizaciones y los likes, sobre todo porque nada de eso se ha traducido nunca en mejores ventas de mis libros. Para mi está muy claro: no he sabido convertir visualizaciones en ventas, por el motivo que sea.

Esto es otra cosa.
El blog es otro mundo. En él puedo expresar ideas sin prisa, sin tener que hablar rápido ni buscar el mejor horario según la edad de mis followers. Solo quiero estar en contacto con ustedes, mis lectores, lectoras, amigos y amigas, y amantes de la literatura en general, de forma pausada y que se quede quien quiera, sin agobios.
Las cifras, las estadísticas del blog, ni siquiera las miro, porque no me importan. Escribo para quien me quiera leer y ni siquiera tengo activada la opción de dejar comentarios. Es verdad que comparto la publicación en Facebook y en Threads, pero poco más. Si te apetece comentar alguna de mis entradas, te invito a que lo hagas por allí (sé que resulta paradójico, pero lo que importa no es que use esas redes, sino la intención con la que las uso).
Qué he hecho este mes en el blog
En este mes he publicado cuatro entradas: un somero análisis sobre el género fantástico en España, una reflexión sobre si es posible o no vivir de la venta de libros, un artículo sobre la importancia de no dejar que nos atonten y nos inculturicen y otro sobre lo que significa escribir mundos fantásticos en este mundo de locos que nos está tocando vivir.
Lo que he ganado al alejarme de las redes
Siento que mis lectores son más reales así, desde una página lenta como esta, aunque renuncie a un posible alcance inmediato. Ya no vivo pegado al móvil, atento a si un vídeo mío se ha vuelto viral o alcanza miles de visualizaciones. De hecho, ahora me da bastante pereza cuando tengo que grabar uno para anunciar alguna cosilla, o hacer un unboxing (esto lo sigo disfrutando) o similar. Me he desenganchado y soy feliz. No tengo FOMO, no tengo ansiedad y no siento ninguna prisa por enterarme de las tendencias.
Siento que respiro mejor. Incluso estoy aprendiendo a meditar. No sé si este blog llegará a algún lado, si lo leerá realmente alguien o si seguiré predicando en el desierto, pero siento que he recuperado el control de mis comunicaciones contigo, querido lector o lectora. Las redes son efímeras, pero este texto seguirá aquí dentro unas horas, unas semanas o unos meses. No tienes que venir a leerlo corriendo por miedo a que desaparezca.
Tranqui, no te agobies.
Yo seguiré aquí cuando te venga bien pasarte. Prefiero escribir para cien lectores atentos, que para miles de despistados que topan conmigo por pura casualidad.
No quiero ser viral. Solo quiero que me leas, pero cuando tú quieras hacerlo. Este regreso al blog no es un capricho ni un experimento. Es mi decisión y la mantengo.
Aquí estoy yo y mis libros. Para ti. Cuando me necesites.
Un abrazo.
Rayco.